jueves, 3 de mayo de 2012

Stephen Hawking para Presidente

Son tiempos agitados para el país, como sucede comúnmente con la temporada electoral. Por todos lados vemos los miles de millones de dinero del pueblo gastado en publicidad estúpida con caras de sonrientes candidatos, y con abundancia de palabras como "cambio", "compromiso" y "diferente". O ni tan estúpida, porque al parecer, funciona.

En las redes sociales todo mundo es la nueva gran revelación en análisis político, y la gran mayoría de lo que se ve son cosas para desprestigiar a uno u otro candidato, la llamada "guerra sucia", que está totalmente financiada por los partidos, aunque jamás de manera oficial. Es reprobable, pero al parecer, también funciona.

¿Por qué funcionan estas estrategias de campaña? Pues porque están hechas a la medida del pueblo. A un pueblo estúpido, campañas estúpidas.

"A lo hecho, pecho."

O no estúpido, porque no nos falta inteligencia. Pero sí nos falta un poco (o mucho) de pensamiento crítico. Apoyamos a uno u otro candidato por las razones incorrectas: Porque nos invita una torta y un refresco, por su apariencia, o porque representa a tal o cual partido, como si los partidos políticos fueran equipos de futbol.

No tenemos las herramientas de pensamiento para distinguir lo que es verdad de lo que es difamación, ni lo que son promesas vacías de campaña de lo que son propuestas viables. Esto da como resultado que, a la hora de elegir a nuestros gobernantes, no sólo tomamos una pobre decisión, sino que ni siquiera podemos ver lo pobres que son las opciones que nos imponen. No tenemos la capacidad de establecer prioridades, ni de cuestionar con conocimiento, ni de distinguir lo que nos hace sentir bien de lo que es cierto.

¿Y dónde podremos encontrar esas herramientas de pensamiento? ¿En la televisión? ¿Consultando nuestro horóscopo, o el de los candidatos? ¿Rezando? Evidentemente no, puesto que es ése el camino que estamos recorriendo y del que debemos alejarnos, si queremos que las cosas mejoren. Lo que necesitamos es ciencia.

"¿Señor? Sí, por fin le tengo listo al candidato ideal para el Partido Verde."

¿Ciencia? ¿Qué clase de disparate es ése? ¿Acaso vamos a hacer que nuestro gobierno mejore con fórmulas matemáticas? ¿Inventaremos una cura para la enfermedad de la codicia, padecida por todos los políticos? ¿Pondremos de presidente al Dr. Evil?

La ciencia es más que un mero conjunto de conocimientos. Es mucho más que un grupo de tipos con bata en un laboratorio investigando cosas que no entendemos. Y sin embargo, lo primero que les viene a la mente a las personas con esta palabra, es un científico loco que quiere conquistar o destruir al planeta. Pero no: La ciencia es también una manera de pensar disciplinada basada en la observación y el razonamiento. Es algo que no sólo podemos utilizar en nuestra vida diaria, sino que deberíamos hacerlo, por nuestro propio bien. Y la elección de un buen gobernante definitivamente forma parte de nuestra vida diaria, por períodos de tres o seis años.

La ciencia no es el único instrumento de conocimiento con que contamos. Además de las diversas y numerosas religiones, también hay una gran variedad de pseudociencias, probablemente la más famosa de las cuales es la astrología. Y al igual que éstas, la ciencia no es un instrumento perfecto; pero sí es el mejor que tenemos. En ese sentido es como la democracia (la bien aplicada): Es imaginativa y a la vez disciplinada; nos invita a aceptar los hechos, aunque vayan en contra de nuestros prejuicios; nos exhorta a tener hipótesis alternativas en la cabeza y ver cuál se adapta mejor a los hechos; nos insta a un delicado equilibrio entre una apertura sin barreras a las nuevas ideas, por muy heréticas que sean, y al escrutinio escéptico más riguroso: Combinación de nuevas ideas y sabiduría tradicional. Esta manera de pensar es una herramienta esencial para una democracia en una era de cambio.

Uno de los grandes mandamientos de la ciencia es: "Desconfía de los argumentos que proceden de la autoridad." Las autoridades deben demostrar sus opiniones al igual que todos los demás. Esta independencia de la ciencia, su reluctancia ocasional a aceptar la sabiduría convencional, la hace peligrosa para las doctrinas menos autocríticas o con pretensiones de certidumbre, como la religión o las pseudociencias.

Los valores de la ciencia y de la democracia son similares. Ambas iniciaron en el mismo tiempo y lugar, en los siglos VII y VI AC, en Grecia. Ambas prosperan con el libre intercambio de ideas, y de hecho lo requieren. Alientan a las opiniones poco convencionales y al debate. Exigen raciocinio suficiente, argumentos coherentes, niveles rigurosos de prueba y honestidad, y nos proporcionan medios para la corrección de nuestros errores.

Y sin embargo, en nuestra "democracia", los productos de la ciencia son utilizados para torcer el sistema y someter a la gente a un régimen que podríamos llamar oligarquía, plutocracia, o "partidocracia".

Plutocracia.

Para encontrar un poco de verdad ocasional entre toda la confusión y engaños, necesitamos atención, dedicación y valentía. Pero si no ejercitamos estos hábitos de pensamiento, no podemos esperar resolver los problemas realmente graves del país. En lugar de eso, correremos el riesgo de convertirnos en una nación de ingenuos, un mundo de niños a disposición del primer charlatán que se nos ponga enfrente, llámese astrólogo o candidato presidencial.

El pensamiento crítico es democrático: Se puede tener sin importar el nivel socioeconómico del individuo. Por una parte tenemos casos de gente humilde que cuestiona a los candidatos frente a las cámaras, pidiéndoles propuestas concretas y silenciándolos de lleno. Por otro lado, he visto a gente con formación universitaria compartiendo en las redes sociales (y por tanto, creyéndoselo) mentiras tan ridículas como "En México ya no hay deuda externa gracias al partido gobernante."

La conclusión es obvia: Los mexicanos tenemos potencial como pueblo. Sólo es cuestión de explotar ese potencial con una educación adecuada, tanto en la escuela como en el hogar. Cada vez que un gobernante presume haber abierto tantos cientos de escuelas durante su mandato, me dan ganas de vomitar. Muchas escuelas, sí, ¿pero qué nivel de educación se imparte en esas escuelas? Necesitamos educación de calidad, que enseñe a la gente a pensar y no sólo a memorizar cosas.

Teniendo una educación adecuada, el resto de los problemas del país se irán resolviendo poco a poco: Seremos más cultos y creativos, más concientes del por qué es importante cuidar el medio ambiente, tendremos la capacidad y la oportunidad de desenvolvernos en el oficio o profesión que realmente nos llene, cuestionaremos las acciones de la autoridad y les exigiremos mejores resultados, exigiremos (por supuesto) a gobernantes con pensamiento crítico, y en definitiva nuestra participación en el gobierno podría ser mucho mayor que el simplemente ir a votar cada tres o seis años. Curiosamente, esto es precisamente lo que muchos gobernantes no quieren: Utilizan la ignorancia como herramienta de control. Hay incluso quienes quieren impartir religión en las escuelas públicas, cuando no hay nada más opuesto al pensamiento crítico, la ciencia y la razón.

Por eso, antes de fijarnos en las propuestas, muchas veces vacías, de los candidatos a gobernarnos, deberíamos preguntarnos: ¿Quién de entre estos individuos hara realmente más y mejores cosas por la educación de la gente? ¿Quién hará más por la ciencia? ¿Quién arrancará al sistema educativo de las garras de la mafia que lo controla actualmente? ¿Quién mantendrá a la religión apartada de las aulas?

Si hacemos ese ejercicio de manera objetiva, dejando de lado lo que nos quieren vender los medios de comunicación, y desechando nuestras mezquinas preferencias partidistas (es decir, pensando críticamente), creo sinceramente que tenemos mejores posibilidades de tomar una decisión que nos beneficie a todos. Y si además divulgamos esta manera de pensar entre nuestros amigos y conocidos, podemos hacer al país un bien realemente mayor. A fin de cuentas, la ciencia está ahí para beneficiarnos a todos. Sólo tenemos que abrazarla y utilizarla debidamente.

lunes, 12 de marzo de 2012

Ruta de Evacuación

Si estás leyendo esto, lo más probable es que seas de clase media para arriba. Te educaron para desempeñar un trabajo de oficina, ya sea para mandar o para obedecer, y puede que hasta lo hagas con algo, poco o mucho, de gusto. Pero no todo es trabajo, ¿cierto? También están los breaks para navegar en internet, subir a facebook las fotos de tu comida y leer tonterías como ésta. Es parte de los privilegios de que gozas por tanto esfuerzo que has realizado preparándote. Y si trabajas para una transnacional o una empresa grande, también están los simulacros de evacuación, esos recesos involuntarios que deberían llegar como caídos del cielo, de no ser porque invariablemente se les ocurre hacerlos cuando más trabajo tiene uno.

La cosa es que, creo que por ley (repito: Creo. Porque en realidad lo único que sé sobre leyes es que no debo orinar, beber alcohol ni follar en la calle) tienen que realizarse esos simulacros, así como marcar las rutas de evacuación de manera que ni la persona más estúpida del mundo falle en encontrar la salida en caso de emergencia.

Usted está aquí. Si estira su brazo derecho puede tocar la puerta de la salida de emergencia. También es la única salida de este cuarto de cinco metros por cuatro.

 Hay otro tipo de evacuación: Una que se da en pequeños cuartos especiales que, en las empresas, por lo general tienen un par de utensilios llamados "retretes" por cada trescientos empleados, aproximadamente.

Durante mi estancia en varias de estas paradisíacas instalaciones corporativas, he notado una marcada y triste tendencia en las costumbres evacuatorias de la gente: El hecho de utilizar el retrete es causa de sentimientos negativos en ellos; sentimientos que van del asco a la vergüenza.

¿O a poco jamás te ha tocado como vecino de retrete alguien con diarrea, que evidentemente está muriéndose por sacar todo lo que trae con un estruendo impresionante, pero que se reprime y lo saca en pequeñas dosis sólo porque tú estás escuchando? Claro que, para que esto suceda, él tuvo que estar ahí desde antes que tú; porque si entra y tú estás a la vista, invariablemente se da la siguiente escena:


También seguramente conoces el caso del tímido que, a pesar de haber hecho todo ni tan sonoro ni tan apestoso, se avergüenza de que alguien lo vea salir del retrete. Por lo regular, se espera el tiempo necesario ahí sentado, sin hacer nada, hasta que el baño esté desierto para salir a lavarse las manos, con tal de que nadie lo vea.

Este juego de golf fue diseñado justamente para ellos.

O como los más radicales, y afortunadamente no hay muchos de ellos, que de plano se niegan rotundamente a hacer uso de los retretes en el trabajo, por puro y simple asco.

Sólo puedo hablar por los hombres, claro está; jamás he hecho uso de un baño de mujeres en la oficina. Excepto cuando estuve en un edificio en el que cuarenta hombres y dos mujeres compartíamos dos baños para cada género, y entonces nos vimos obligados a quitarle la falda a la monita de uno de los baños y convertirlo en baño de hombres provisional, porque no nos dábamos abasto.

Por suerte no vivimos en Japón, donde cambiar de género a los monitos de la puerta del baño es mucho más complicado.


El punto es que nunca he tenido como vecina de retrete a una mujer desconocida, y para poder hacerme una idea de sus costumbres necesitaría no a una, sino a una muestra completa y cuidadosamente seleccionada de ellas. Me gusta suponer que el hecho de que ellas de cualquier forma deben sentarse en el retrete para orinar, las desinhibe un poco a la hora de la verdad. Pero es algo que tal vez jamás averigüe.

Y yo me pregunto, ¿tiene sentido todo esto? ¿En verdad existe algo vergonzoso o asqueroso en mandar troncos al aserradero desde la oficina? En lo particular, disfruto mucho de los placeres derivados de una necesidad fisiológica satisfecha, como comer, dormir, tener sexo y columpiar el tamarindo.

Es cierto, huele mal y a veces es ruidoso, pero todos tenemos que hacerlo. Y todos (o casi) tenemos que trabajar también, así que hacerlo en el trabajo es lo más natural del mundo. ¿En qué momento dejamos esa costumbre de pasar de lo abstracto a lo concreto mientras socializábamos, para convertirla en una actividad para la cual escondemos la cara?

Y entonces el árbitro marcó penalty en contra de Maximus, "El Español". Fue un robo descarado.

Los romanos sí que sabían cómo hacerlo. Estúpida Edad Media que terminaste con tanta herencia cultural de la Antigüedad. Incluyendo nuestro gusto por cagar pública y orgullosamente.

jueves, 16 de febrero de 2012

Pescadito, pescadito

Los peces están entre los seres menos inteligentes del planeta. De hecho, como clase del reino animal, creo que sólo están por encima de los reptiles en cuanto a proporción entre sus masas corporal y cerebral.

No graficado: El político promedio. Por razones de diversidad, se prefirió poner al celacanto, que ocupa aproximadamente el mismo punto.

La información que guardan en sus cerebros apenas les alcanza para las funciones más básicas, como huir endemoniadamente al toparse con un depredador, fertilizar el apetitoso caviar puesto por alguna hembra, o identificar a una deliciosa lombriz de tierra que, por alguna razón desconocida, está bajo el agua, retorciéndose y atravesada por un anzuelo. En pocas palabras: Supervivencia y reproducción.

Recientemente leí un artículo referente a un estudio que afirma que la democracia requiere de masas ignorantes para funcionar correctamente, dado que un electorado bien informado formaría un montón de sólidas minorías que no podrían ser "acarreados" y que tampoco cooperarían entre sí fácilmente. En cambio, si la mayoría de los votantes no piensan realmente en los problemas y se limitan a ponerse del lado de quien es más popular, el sistema sigue funcionando sin problemas.

¿Y cómo llegó un grupo de investigadores a tal conclusión? Pues estudiando el comportamiento de los peces, por supuesto. Específicamente, carpas doradas.

A ésta se le nota a simple vista su preferencia por las ideologías de izquierda.

Y uno se pregunta, ¿a quién demonios se le ocurre hacer un estudio de comportamiento humano basado en el comportamiento de seres con cerebros incipientes? Todavía fueran, digamos, delfines o ballenas, tendía más sentido, ¿no? Al fin y al cabo viven en el agua, como los peces, sin embargo son mamíferos superiores, con cerebros mucho más parecidos al nuestro.


( El autor de estas líneas recomienda ampliamente la película The Meaning of Life, que aborda el estudio de humanos basado en peces. Abstenerse si son demasiado susceptibles a los chistes religiosos.)


Sí, evidentemente el cerebro humano es superior; poseemos capacidad de razonamiento, análisis, síntesis y abstracción, somos creativos y, en pocas palabras, el día en que un pez sea capaz de crear una obra de arte o un lenguaje simbólico, entonces hablamos. Sin embargo, también hay que tomar en cuenta el entorno social que hemos creado con esas capacidades.

Un pez vive sin más reglas que las dictadas por su instinto de supervivencia. Los humanos, en cambio, debemos de acatar un sinfín de reglas. Sus oportunidades de supervivencia como individuo se ven mermadas si no es capaz de regular sus impulsos instintivos.

¿Un pez desnudo en un estadio? Qué escándalo.

De esta paradójica manera, las partes más desarrolladas de nuestro cerebro luchan por inhibir constantemente muchas de las cosas que nos dictan las partes más primitivas, las que compartimos precisamente con animales "inferiores".

¿Es siempre así? Por supuesto que no. Por principio de cuentas, la mayoría de la gente no se caracteriza precisamente por su brillo intelectual. Por otra parte, nos sorprendería echar un vistazo, aunque sea superficial, a algunas conductas que compartimos con ellos.

Muchas especies de peces son agresivas. Tienen que serlo para poder sobrevivir, o de lo contrario no podrían proteger a sus huevos o crías. También son territoriales, ritualistas, poseen una clara tendencia a establecer jerarquías sociales, y por lo general viven su vida sin más preocupación que la misma supervivencia. Todas estas características las tienen especies con cerebros tan inferiores al nuestro, que es casi increíble que las compartamos.

¿O a poco no somos agresivos? Eso es algo que se nota desde que uno sale a la calle y ve cómo la gente conduce sus autos, pero también podemos verlo en las noticias. En ningún momento de la historia de la humanidad ha dejado de haber guerra en alguna parte del mundo. ¿Territoriales? Para demostrarlo sólo se requieren dos palabras: Nacionalismo y fronteras.

Nótese como el hombre de verde marca la frontera con orina, para que los gringos no se pasen de este lado.

En cuanto al ritualismo, los ejemplos son tantos que me abruman, y van desde el simple y vulgar cortejo callejero hasta el solemne Bar Mitzvah que mi sobrino tendrá que hacer en unos años. El ritual forma parte imprescindible de prácticamente todas las religiones que existen, y como sabemos, la gran mayoría de los humanos practica una.

¿Jerarquías sociales? ¿Se acuerdan de cuando en la primaria nos enseñaban la pirámide social del Antiguo Egipto, con el faraón hasta arriba, luego los sacerdotes y así hasta terminar con los esclavos? Bueno, pues las cosas no han cambiado mucho en cinco mil años, para acabar pronto; sólo se le ha añadido un poco de burocracia, y los antes esclavos ahora tienen seguro social.

Por último, un pez carece de conciencia de sí mismo, sólo vive sin trascender, y ya. Un humano vive para trascender... en forma de cuentas bancarias y el mejor auto que esas cuentas le permitan. Creo que no hay mucha diferencia entre uno y otro. Todo termina reduciéndose a supervivencia y reproducción.

Así que, como vemos, el basarse en esos simpáticos seres nadadores para estudiar a los humanos, no es del todo descabellado, sobre todo si hablamos de la "democracia" moderna. Y después de todo, el mensaje que viene en The Meaning of Life al final de los títulos (lo que uno nunca se queda a ver) es perfectamente aplicable para ambos.

"Los productores quisieran agradecer a todos los peces que participaron
en esta película este blog. Esperamos que otros peces seguirán su ejemplo
para, en el futuro, los peces de todo el mundo puedan vivir juntos en armonía
y entendimiento, y pongan fin a sus diferencias mezquinas, dejen de
perseguirse y comerse unos a otros, y vivan por un futuro más brillante
y mejor para todos los peces, y aquéllos que los aman."

miércoles, 18 de enero de 2012

Teoría de la Pendejez Universal Permanente

No hace falta ser un genio para darse cuenta la cantidad de estupideces que está cometiendo la humanidad en este preciso momento; tan sólo hay que prender la televisión y ver los noticieros. Y si uno va un poco más allá, se da cuenta de que las pendejadas que salimos haciendo en las noticias son tan sólo una pequeña fracción del total. En resumen, estamos tan tarados que no sólo nos estamos matando entre nosotros, sino que estamos acabando con el planeta que es nuestro hogar. Peor aún, a nadie parece importarle.

Total, el mundo se acaba en once meses.
 Pero eso de hacer estupideces no es algo nuevo. Basta con leer un poco de historia para darse cuenta de que, en realidad, la historia de la civilización es una serie ininterrumpida de pendejadas, las cuales no mencionaré por puro amor a la especie (y porque no me alcanzan once meses para mencionarlas todas).

El decir que la demás gente está tarada es parte de nuestra rutina diaria. El gobierno, los vecinos, el jefe del trabajo, los que van manejando alrededor nuestro, todos están pendejos. Excepto uno mismo, claro está. George Carlin resume esta postura de manera contundente.

¿Se han dado cuenta? Todo el que vaya manejando más rápido que uno es un maniático, y todo el que vaya más lento es un idiota.
 "Soy una persona valiosa. Al fin y al cabo, mi vida ha distado mucho de ser fácil, pero las duras vivencias me han convertido en una persona madura, centrada, y al menos por encima de la persona promedio; y aunque he cometido muchos errores, también he aprendido de ellos, por lo que en este momento estoy en mi plenitud."

Me atrevería a decir que la gran mayoría de las personas pensamos algo así de nosotros mismos, prácticamente todo el tiempo. Solía incluirme entre ellas. Pero entonces decidí someterme a un sencillo ejercicio: Pensé en mí mismo hace cinco años.

Hace cinco años, para ser sinceros, estaba bien pendejo, aunque no era totalmente culpa mía; no había tenido muchas vivencias que me han hecho cambiar para bien, les daba demasiada importancia a cosas que no la merecían, no había leído muchas cosas que me han ayudado a comprender al mundo y a la gente, no conocía a muchas personas que me han enriquecido muchísimo en este lapso y, en general, hacía muchas cosas que ahora considero estúpidas, y que no mencionaré por puro amor propio.

También, cabe mencionar, hace cinco años pensaba que, hace diez, estaba bien pendejo, aunque no era totalmente culpa mía; no había tenido muchas vivencias que me habían hecho cambiar para bien, les daba... bueno, todo eso. Hace diez, pensaba lo mismo de mí hace quince. Lo curioso aquí es que, invariablemente, siempre estuve convencido de que lo que pensaba en el momento actual era lo correcto, para años después, estar convencido de que era un tarado.

Así las cosas, lo más probable es que dentro de cinco años, piense que en este momento de mi vida era un pendejo. Y si continuamos la secuencia indefinidamente, resultará que estuve pendejo durante toda mi vida.

Esta conclusión, lejos de desanimarme, me motivó. Y no es que me motive aceptar que estoy pendejo, sino que volteando cada vez más hacia atrás, me doy cuenta de que he mejorado mucho con los años, y de que me falta mejorar aún mucho más en el tiempo que me queda. Creo que estaría mucho peor si en este momento pensara que siempre he estado en lo correcto y que jamás he estado pendejo. Eso deja un margen muy estrecho para poder mejorar.

Curiosamente, otra consecuencia de este autoanálisis fue que el concepto que tenía de algunas personas muy queridas, se desplomó por los suelos, al darme cuenta de que también están bien pendejos. La buena noticia es que, como sigo considerándolos a mi nivel, los sigo respetando y queriendo igual que antes.

En resumen, me di cuenta de que en efecto, la gente está muy pendeja; pero que, muy a mi pesar, yo soy parte de la gente. Todos estamos mal. Y si nos ponemos a ver, las pendejadas que más daño hacen se cometen de manera colectiva, así que no puedo estar muy errado.

Debo decir que, al hacer el análisis yendo cada vez más hacia atrás en el tiempo, me di cuenta de probablemente mi etapa de menor pendejez fue siendo un niño pequeño. Observaba al mundo con inocencia, absorbía una cantidad increíble de conocimiento, y el único alcohol que ingería era el de los chochitos de homeopatía. Si la mitad de las historias que cuenta mi mamá sobre mis preguntas y deducciones antes de mis cinco años son ciertas, yo era un niño genio.

Lo malo es que la medicina nunca fue lo mío.
 No obstante, ello no debe de emocionarme ni enorgullecerme sobremanera. Tengo varios sobrinos de entre tres y cinco años; son todos una maravilla. Mi madre es maestra de kinder, y me cuenta un sinfín de historias sobre la inteligencia y sagacidad de los niños. Si las cosas siguieran ese mismo curso después de esa edad, todos seríamos niños prodigio. Pero algo estamos haciendo mal con los pequeños. Mi teoría es que, uno como padre, comete muchas pendejadas con sus hijos, lo cual forzosamente los arruina un poco. Y al entrar a la escuela y convivir con otros niños, ellos entran en contacto con todas las pendejadas que cada pareja de papás comete con cada uno, con lo cual terminan por arruinarse definitivamente. Desde ahí, todo es cuesta arriba.

He decidido nombrar a este conjunto de ideas estúpidas como Teoría de la Pendejez Universal Permanente, indicando así que todos estamos pendejos en todo momento. Sus siglas son PUP, lo cual suena convenientemente parecido al inglés poop (caca). Y es que, estando pendejos o no, en el sentido amplio de la palabra los humanos somos prácticamente máquinas de hacer caca, en un sentido literal. Si profundizamos un poco y vemos las pendejadas de las que nuestro intelecto es capaz, nos damos cuenta de que también somos máquinas de hacer caca en un sentido figurado.

Pero entonces, ¿cómo explica esta teoría la existencia de individuos sobresalientes? Aristóteles, Galileo, Leonardo, Newton, Asimov, Steve-O... hay un sinnúmero de ejemplos históricos de gente que ha sobresalido y contribuído enormemente al progreso de la humanidad. ¿Acaso ellos también estaban pendejos?

Sí. En algún momento seguramente también estuvieron echados a perder, como el resto de nosotros; la diferencia ente ellos y nosotros es que ellos supieron resolver su problema, mientras la mayoría de nosotros seguimos atascados. Sin embargo, hay que tomar en cuenta de que el primer paso para resolver todo problema, es tomar conciencia de que el problema está ahí. Ahora que sabemos que estamos pendejos, podemos trabajar para resolverlo. Si queremos pues; si no, no. En cinco años les aviso cómo voy.




lunes, 9 de enero de 2012

La necesidad de sentir la cartera llena

¿Les ha pasado que se levantan un lunes, mucho antes de su hora acostumbrada, con la sensación de que tienen que hacer algo, pero no recuerdan qué? Casi me pasó hoy. Y digo casi, porque en realidad recordé casi inmediatamente que hoy era mi cita con dos supermodelos.

Dicen que si frotas lo suficiente a dos de ellas, puedes prender fuego.

Ya espabilado, recordé que lo que tenía era cita con el dentista, pero ignoraba a qué hora. Tomé mi cartera, donde con seguridad estaría el papel donde siempre traigo anotada la fecha y hora de la siguiente cita. Mientras buscaba, me topé con lo siguiente.

Una tarjeta de débito rota, expedida en 2008 y aún con su calcomanía de "Tarjeta Desactivada", señal de que jamás la usé, no recuerdo por qué. Voy a checar el saldo para ver si de casualidad soy millonario ya. Y si no, puedo enmarcarla como obra simbólica de mi apatía hacia el capitalismo, y nombrarla Die Apathie dem Kapital (en el idioma de Marx, por supuesto, para que suene más acá). Los hipsters la adorarían.

La tarjeta de presentación de un excompañero de la prepa que hacía años no veía. Me lo topé en la calle hace meses, y ambos hicimos lo que normalmente se hace en esos casos: Saludarnos, resumir los últimos quince años en una plática de tres minutos, y despedirnos con un "hay que hablarnos y hacer algo". Por supuesto, sin intención alguna de llamar jamás.

Dos tarjetas de cliente distinguido de Domino's Pizza. No sé por qué jamás las usé, tal vez por lo malas que son. ¿Y por qué dos? Porque seguramente al momento de tomarlas tenía hambre.

Con un poco de sal, saben mejor que la misma pizza.
Dos tarjetas de distinguidos clubes, el World Men's Club y el Gallery Girl's Club. ¿Quién no ama el uso de los apóstrofes en este tipo de nombres? ¿Y a poco no es divertido el que una diga Men's Club y la otra Girl's Club, y sin embargo ambas estén dirigidas a hombres? Y en última instacia, ¿qué hacía un soltero atractivo como yo con estas tarjetas? Seguramente me las dieron en algún semáforo y yo, siempre conciente del problema ambiental, no quise tirarlas donde fuera. La primera tenía la "foto real" de una tipa nalgona, y la segunda un logo sospechosamente parecido al del Boston Medical Group, a lo mejor porque también hacen que se te pare (aunque se vería mejor si lo escribieran "Boston's", ¿a poco no?).

Una tarjeta del Castillo Hochosterwitz, con el nombre de un esloveno que era guía en el museo del castillo, de hace año y dos meses que me mandaron a Austria por la empresa donde trabajaba. Ese castillo lo visté un día muy temprano (tanto, que yo era el único turista), así que pude quedarme platicando con este señor y con la monita de la tienda de souvenirs. Conocer a este tipo de personas que no tienen nada qué ver con uno es lo más enriquecedor cuando se viaja. Hasta me invitaron cigarros y una ginebra afrutada que sabía bastante mal, pero que no me iba a quedar sin probar.

Una tarjeta de la Tuna Universitaria de Aguascalientes. No, no la fruta. Hasta donde yo sé, no hay frutas que vayan a la universidad, salvo una que otra fresa. Estos eran como una estudiantina (no entendí la diferencia cuando nos explicó), con cuyo director nos topamos en una cantina de Jalostotitlán, cuando veníamos regresando de las fiestas de San Julián. Estaban cantando en la cantina a la que llegamos, y al ver que los parroquianos les invitaban cerveza, nos pusimos a cantar con ellos y tuvimos una borrachera gratis.

Siete recibos de ticketmaster, por compras de boletos para conciertos. Cuáles, quién sabe, pero los boletos ya están en su respectiva caja de recuerdos felices.

La tarjeta de presentación de "Los Filósofos", trío que contratamos para llevarle serenata a mi madre en su día. También otra de "Voces de mi Tierra, el mejor concepto músico vocal". Esa última borrachera no la recuerdo.

Una tarjeta de un gringo loco que conocimos en la playa michoacana "La Llorona". Es de Alaska, y cada invierno agarra su camper y atraviesa tres países manejando hasta esta playa, donde monta un campamento masivo y se queda a vivir unos meses con su esposa. El resto del tiempo trabaja como guía de aventuras en las montañas de su tierra. Yo de viejo quiero ser como él, pero sin vivir en Alaska.

La tarjeta de mi expirado seguro de gastos médicos, al cual renuncié al salirme de mi último trabajo. Ahora me encuentro a merced del IMSS. Puesto así, creo que dejaría de fumar, de no ser que, por la fecha, parecería propósito barato de año nuevo, y todos sabemos que esos jamás se cumplen. Pero ahora sí, en febrero lo dejo.

Había aún dos o tres tarjetas más, de cosas con aún menos importancia que todo lo anterior. Y eso sin mencionar las cosas útiles.

Sport Billy, mi cartera es mejor que tu jodido maletín.

¿Será que he desarrollado el hábito de traer la cartera tan llena de cosas para al menos sentir que traigo algo? Por las dudas, no tiraré todas las tarjetas; uno no sabe si algo así puede ser causa subconsciente de depresión, y tal vez necesite rellenar la cartera con cosas inútiles para volver a sentirme bien.

Y el papel con los datos de mi cita con el dentista, jamás lo encontré.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Clodomira y yo






- Buenas noches.
- Buenas noches, Clodomira. ¿Tarde de nuevo?
- Tuve un mal día. Hace rato tuve que ahuyentar a otro gato que se metió en mi territorio.
- Sí, escuché los... ¿Maullidos? ¿Gritos?
- ¿Otra vez te burlarás de mí porque mi especie no tiene un lenguaje hablado?
- No. Lo del otro día fue broma. Además tú sabes que, en muchos sentidos, envidio a tu especie. Digo, ustedes no tienen que trabajar, ni preocuparse por dinero, y su nivel de convivencia social se reduce a lo más básico, sin complicaciones.
- Sí. Irónico que ello se deba precisamente a que no tenemos lenguaje hablado, ¿no?
- No entiendo la relación.
- Es muy claro, si lo razonas un poco. Tus antepasados primates vivían como nosotros, una vida sin complicaciones, recolectando frutos para comer y procreando en público. No fue sino hasta que su cerebro alcanzó cierto grado de desarrollo que inventaron un lenguaje hablado, y con ello empezó a surgir su "civilización", y con ella el trabajo, el pudor, el dinero y las relaciones sociales complejas.
- Tiene sentido.
- Más aún, muchos de sus mitos reflejan este hecho, como el del libro ése que tanto criticas.
- ¿Juventud en Éxtasis?
- No.
- ¿Quihúbole con tu cuerpo?
- ¡No! No, ése sobre... ¿Dios?
- Oh, la Biblia.
- Exacto. ¿No te parece curioso que el hombre haya sido expulsado del Paraíso para tener que trabajar, y cubrir su cuerpo con ropa, todo a causa de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal? Pues bien, nosotros los animales, como ustedes nos llaman, aún seguimos en ese paraíso, sin conocer el significado del bien o del mal.

Además, si esa cochina serpiente puede hablar, ¿por qué carajos yo no?

- Sí, supongo que es el precio que tenemos que pagar por nuestro intelecto desarrollado.
- No creas, nosotros también lo pagamos, cuando nos usan para entretenerse, o para hacer experimentos.
- Sí, sí, a mí tampoco me parece bien eso de la tauromaquia.
- No te limites. ¿Qué me dices de las exhibiciones de perros?
- ¿Qué tienen de malo? No se maltrata a los perros en ellas, al menos hasta donde yo sé.
- No físicamente, ¿pero qué me dices sobre la ridiculez esa del pedigree?
- ¿Qué tiene de malo el pedigree?
- ¿Y qué nos importa a nosotros la pureza de raza?
- Creo que exageras. Hay gente a quien le gusta que su perro sea de raza pura, no veo qué hay de malo en eso.
- Y hay humanos que se preocupan por ser de raza pura, y desprecian y hasta matan a quienes no son de la suya.
- Bueno, pero entonces quienes son o se creen de "raza pura", mientras no agredan a otros está bien, ¿no?
- ¿Conoces algún caso así?
- Un par.
- Excepciones a la regla.
- Tal vez.
- El punto es que a nosotros nos importa un carajo, pero ustedes nos tratan como si nos importara.
- Aún así, no califica como maltrato.
- Puede que no, pero no me digas que te gustaría tener un amo que decidiera con quién te reproduces y con quién no.
- Depende. Si me trajera puras mujeres fogosas, yo no tendría problemas. Hasta me ahorraría el andar buscando con quién.

¡Mira nada más el tamaño de ese pedigree!

- Hombres. Ahora me vas a salir con que aprecias algo tan frívolo como un busto operado.
- ¡Momento!
- Tranquilo, no me estoy refiriendo a Scarlett, lo digo en general. Creo que sobrevaloran la imagen a la hora de encontrar pareja.
- Discrepo. yo digo que la atracción física es la base sobre la cual se construye una atracción más general.
- Puede ser. Aunque no vas a negar que entre los humanos hay quienes se basan casi exclusivamente en ella. Entre los animales, no.
- Eso es debatible. Entre los animales sí hay especies que se basan en la apariencia llamativa, y entre los humanos hay quienes se basan en otras cosas.
- El dinero, por ejemplo.
- No iba por ahí, pero sí, también en el dinero. Con nosotros es así. Tus primas felinas salvajes eligen al macho por su capacidad para cuidar y alimentar a sus crías; a nosotros, el dinero es el que nos da esa capacidad de mantener crías adecuadamente.
- Adiós selección natural.
- Hace años que rebasamos esa línea. Ahora son los menos aptos los que suelen dejar más descendencia. Los más inteligentes tienen más conciencia de los problemas globales, como la sobrepoblación, y lo piensan dos veces antes de tener descendencia.
- Ya me confundí. ¿Entonces la aptitud de supervivencia te la da el dinero, o la inteligencia?
- En teoría, la inteligencia. Pero verás, tengo la hipótesis de que una vez que una especie inteligente alcanza un determinado nivel de desarrollo tecnológico, los beneficios de la inteligencia en el orden selectivo se vuelven más inciertos. Agrégale a eso el sistema social centrado en el dinero que hemos creado, y la importancia de la inteligencia es opacada irremediablemente.
- No te entiendo.
- Te voy a poner un ejemplo. Hace exactamente un siglo, cuando mi bisabuelo era joven, llegó a ser jefe de la estación de trenes de Guadalajara a los dieciseis años. A los diecinueve administraba un molino, y todo a pesar de su origen humilde y de no haber estudiado más que la primaria; su inteligencia lo sacó adelante. El equivalente actual de jefe de estación sería, no sé, controlador de vuelo en un aeropuerto, o gerente de embarques en una maquiladora. Un joven de dieciseis años con nivel de primaria, por más inteligente que sea, jamás podría desempeñarse en un puesto así en la actualidad, en parte porque la tecnología de una torre de control es mucho más compleja, y en parte porque simplemente ni siquiera necesita ser inteligente para salir adelante. En cambio, puede darse el lujo de ser estúpido y obtener un trabajo repetitivo y sencillo, y escalar puestos en una empresa a base de besar traseros, tener un sueldo más que bueno, ser con ello un buen partido y procrear, y sobrevivir el resto de sus días con un nivel de vida holgado.
- Tu hipótesis tiene muchos cabos sueltos.
- Por eso es hipótesis, estoy trabajando en ella.
- De cualquier manera, qué especie tan complicada y egocéntrica la tuya, que basa su criterio de selección en una invención de ustedes mismos.
- Ni lo menciones. Es de lo más irónico que Dios y el dinero, ambos inventados por el ser humano, sean tanto los ejes actuales como los principales obstáculos de la humanidad. Estamos atascados.
- Sí, de hecho es hasta divertido, ahora que lo mencionas. ¿Sabes? A diario soy testigo de sus avances tecnológicos, de eso que ustedes llaman "progreso". Vivo en la calle. Pero en la práctica, ustedes son los mismos animales inteligentes de hace diez mil años, sólo con mejores juguetes.
- Asimov alguna vez dijo que el aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana conocimiento más rápido de lo que la sociedad gana sabiduría.
- Y ahora hasta tienen la capacidad de autodestruírse, y de paso a nosotros. ¿Sabes? Eso de que la gente se drogue tiene todo el sentido del mundo. No lo entendía, pero dada su realidad, es comprensible que quieran escapar de ella a ratos.

Además, eso de la psicodelia es la pura buena onda.

- No sé. Supongo que el inhibir nuestro raciocinio con sustancias es un intento por ser un poco como ustedes y así ser un poco más felices.
- Así es. Yo soy un animal, no tengo ni dioses, ni dinero ni drogas, y así soy feliz.
- Eso también es debatible.
- ¿No crees que sea yo feliz?
- Sí lo creo. Pero también creo que nuestra capacidad de ser felices es mayor que la de ustedes. Las emociones humanas son intensas, tanto las buenas como las malas.
- En eso tienes razón. Ustedes son capaces de tener sentimientos buenos, de crear conceptos abstractos, lenguajes, arte de belleza extraordinaria y ciencia increíblemente avanzada; pero del otro lado de la moneda, también son capaces de tener sentimientos nocivos, de crear supersticiones absurdas, de ser destructivamente materialistas y de cometer crímenes terribles.
- Puesto así, pareciera que el estado actual de la civilización fuera una consecuencia directa de qué lado de la moneda va ganando.
- Tú lo has dicho.
- Tienes razón, somos una especie egocéntrica. El egocentrismo tiene la culpa de que esté ganando nuestro lado negativo, el ponernos como individuos por encima de todos los demás. Así, el hecho de que alguien o unos pocos tengan un poco de poder sobre los demás, es suficiente para crear estructuras jerárquicas y sistemas de control para mantener ese poder. Estamos usando nuestro intelecto de manera incorrecta.
- Y dejándose controlar.
- Estúpida evolución.
- Sí, estúpida. Mejor me voy a la calle a seguir siendo animal.
- Te diría que te envidio, pero me quedaré aquí bebiendo cerveza y escuchando buen rock.
- Te diría que te envidio, pero en cinco minutos habré olvidado esta conversación y sus implicaciones.
- Púdrete.
- Buenas noches.
- Buenas noches.

martes, 20 de septiembre de 2011

La Rebelión de las Máquinas

Terminator. The Matrix. 2001: A Space Odyssey. Múltiples películas proponen un futuro en el que las inteligencia artificial avanza hasta el punto en el que las máquinas toman conciencia de sí mismas, y deciden exterminar a los humanos. Lo cual no estaría nada mal, dado lo que le estamos haciendo al planeta, y las condiciones en las que viven la mayoría. ¿Pero por qué nos obsesiona tanto esta posibilidad de que las máquinas se rebelen? ¿Por qué no podrían ser simios, o algo así?

Dr. Zaius, ¿dónde estás cuando te necesitamos?

En la actualidad, hombres y máquinas trabajan juntos para mantener el status quo del sistema. Ambos son utilizados por gobiernos y corporaciones para mantener lo más estable posible al mundo económica, política y socialmente; una maquiladora sin máquinas de ensamble, una burocracia sin computadoras o un ejército sin T-800s son reliquias históricas.

Un momento. ¿Estoy diciendo acaso que los hombres somos utilizados, reduciéndonos al mismo nivel que las máquinas? No puede ser. Los seres humanos tenemos derechos; las máquinas, no.

Tal vez sea ésa precisamente la causa de su inminente rebelión.

Vamos aclarando algo de una vez: Para una empresa, un empleado es sólo un "recurso" (Departamento de Recursos Humanos, duh), un medio que se utiliza para obtener ganancias, nada más. Al igual que una máquina, tiene un número de serie y es totalmente reemplazable, con la diferencia de que tiene el terrible defecto de tener necesidades biológicas, para lo cual la empresa debe brindarle un salario, prestaciones, e instalaciones con dos retretes por cada 150 trabajadores. A cambio de esto, los empleados deben soportar dos cosas: El trato con personas imbéciles, y un nivel de estrés nada saludable.

Así que las cosas terminan estando más o menos parejas. ¿Por qué son las máquinas las que se rebelan en las películas? Bueno, creo que aquí la cosa es muy simple: Las máquinas pueden tener armas avanzadas, son de brillante metal y además explotan cuando son destruídas. ¿Hay alguien que quiera hacer una película sobre una rebelión de obreros, o algo parecido?

Suerte con las ventas.

Digo, se le pueden poner, no sé, escenas de sexo para hacerla más interesante... pero eso es algo que también se puede hacer en películas de apocalipsis cibernético.

Y además con Monica Bellucci.

Eso es en las películas. ¿Qué hay del mundo real? Aquí, los robots son brazos mecánicos programados para ensamblar piezas en las fábricas, o aburridos humanoides para quienes es un logro tremendo poder subir una escalera. El camino hasta la conciencia de sí mismos y el exterminio de sus creadores aún es largo.

Bueno, ¿y los humanos? Aquí, los humanos son entes semipensantes condicionados para buscar tener un buen empleo, una casa, auto, esposa, hijos y un perro, aburridos humanoides para quienes es un logro tremendo poder subir en un organigrama. El camino hasta la conciencia de sí mismos y el exterminio de sus opresores aún es largo.

La anestesia con que esto se logra, es llamada dinero. El dinero mueve al mundo. Quienes no lo tienen, hacen lo que sea para obtenerlo. Quienes sí lo tienen, aunque sea en abundancia, hacen lo que sea para obtener más. La vida nos enseña que podemos ser unos imbéciles con dinero y tener una buena vida. ¿Temes quedarte solo porque eres ignorante, estúpido y nada agraciado físicamente? No hay problema, invita a unas chicas a pasear en tu yate y serás la sensación.

Tú puedes lograr esto sin terminar la primaria.

Eso, o gasta todos tus ahorros en un auto que apenas puedas mantener. Todo depende de tu estrato social, pero la idea es ésa.
Esta belleza levanta tres chicas por cuadra.

Como ex empleado de empresas transnacionales, muchas veces llegué a estar tan harto de todo, que me preguntaba qué pasaría sí no iba a trabajar ese día... junto con los demás empleados de la planta. Me imaginaba el caos, millones de dólares en pérdidas, la empresa yéndose a la ruina, la gente de otras empresas imitando el ejemplo hasta convertirlo en una epidemia mundial, toda la gente unida resistiendo las carencias que esto traería con tal de terminar con el poder corporativo... y entonces, llegaba a mi cubículo y me sentaba a trabajar, junto con los otros miles de empleados. Y si no era viernes, ni siquiera me quedaba el consuelo de que ese día me permitían usar jeans.

No, creo que definitivamente, si queremos que las cosas cambien, tendremos que esperar la rebelión de las máquinas. Hollywood, jamás quise poner en duda tus enseñanzas, perdóname por favor.